15.7.12



A los niños pequeños les gusta que les lean cuentos sobre lobos feroces, terribles madrastras, brujas malvadas, ogros, dragones que escupen fuego... Mientras les cuentan estas historias, ellos experimentan una intensa sensación por todo el cuerpo, un enorme escalofrío desde las puntas de los dedos de los pies hasta sus pequeñas cabezas. Tienen miedo. Les gusta tener miedo, porque viven aquella intensa sensación. Pero, lo que sucede después, es que sueñan que aquel lobo feroz les persigue hasta que por fin puedan superarlo y se sientan orgullosos de ellos mismos. Entonces, querrán que les cuentes una nueva historia que les aterre.
Cuando crecemos, seguimos buscando aquella sensación de escalofrío. Pero, en cambio, ya no tememos al lobo feroz, sino a que alguien nos haga daño. Buscamos aquellas personas especiales para agarrarnos a ellas y, en muchas ocasiones, nos apegamos sabiendo que no nos convienen o que nos van lastimar. Quizás sintamos aquel escalofrío cuando tememos perder a aquellas personas, cuando discutimos con ellas, cuando no nos corresponden, quizás eso nos atraiga... 



Y si estas personas que nos hacen daño o que no nos corresponden acaban cediendo, entonces dejas de tener miedo, consigues superarlo. En ese momento, es cuando buscamos otro cuento diferente...

                      ¿Y tú? ¿A qué le temes tú?